Por: Alberto Amaro
En el Partido del Trabajo la ley no se viola, se hereda. Silvano Garay Ulloa dejó su curul en el Congreso del Estado de Tlaxcala, pero no el poder: en su lugar asumió su hijo, Silvano Garay Loredo, consolidando lo que críticos y ciudadanos califican como una dinastía política intocable.
Lejos de asumir el evidente conflicto ético, el nuevo diputado intentó justificar su llegada al Congreso argumentando que “se hizo valer la ley” y minimizando el señalamiento de nepotismo, al asegurar que el PT “está abierto a todos los tlaxcaltecas”. Incluso llegó a comparar su nombramiento con la organización familiar de los antiguos señoríos de Tlaxcala, una analogía que para muchos raya en la burla y la arrogancia política.
Lo cierto es que el Partido del Trabajo en Tlaxcala se ha convertido en un patrimonio familiar, donde la familia Garay ha sido la principal beneficiaria de cargos públicos y prerrogativas, siempre con recursos del erario.
Durante su paso por el Congreso, Silvano Garay Ulloa presentó apenas tres iniciativas, en conjunto con la diputada Maribel Cervantes. De acuerdo con su vocera, dichas propuestas permanecen “en comisión de dictaminar”, aunque no se ha informado con claridad su contenido ni su impacto real. Para el salario que percibía, ahora heredado a su hijo, el balance es claro: mucho sueldo, poco trabajo.
La incongruencia no termina ahí. En entrevistas pasadas, Garay Ulloa se declaró abiertamente en contra del nepotismo. Hoy, sus palabras contrastan con los hechos, dejando en evidencia un doble discurso que erosiona la credibilidad del PT y de sus representantes.
A esta red familiar se suma Irma Yordana Garay Loredo, hija del exdiputado, quien también ha ocupado espacios de poder, reforzando la percepción de que el PT funciona como una agencia de colocación familiar más que como un partido comprometido con la ciudadanía.
Diversas versiones señalan que el llamado “JR” buscaría protección política ante una denuncia en su contra por presunto abuso sexual, señalamiento que deberá ser aclarado por las autoridades correspondientes. La sociedad tlaxcalteca exige que ningún cargo público sirva como escudo de impunidad y que la justicia actúe sin apellidos ni padrinazgos.
Finalmente, se hace un llamado directo a Silvano Garay Ulloa: en lugar de enviar voceros y colaboradores a indagar quiénes publican información crítica, rinda cuentas, trabaje y explique por qué el PT en Tlaxcala parece estar diseñado para beneficiar siempre a los mismos.
Porque en democracia, el poder no se hereda… se gana trabajando, algo que, hasta ahora, la dinastía Garay no ha demostrado.
