Por: Alberto Amaro
Pese a comunicados oficiales de Salud y a circulares internas, personal de la SEP continúa ignorando medidas básicas de prevención. #LordSarampion está más preocupado en cuestiones políticas que en los estudiantes de Tlaxcala
En medio de la alerta sanitaria por el brote de sarampión en Tlaxcala, el llamado a reforzar medidas preventivas parece no estar llegando a todas las aulas ni oficinas de la Secretaría de Educación Pública (SEP), donde docentes y personal administrativo han sido señalados por desatender una de las recomendaciones más elementales: el uso correcto de cubrebocas.
El pasado 17 de enero, la Secretaría de Salud emitió el comunicado “Medidas preventivas ante el brote de sarampión en México”, en el que exhorta a la población a fortalecer acciones para reducir contagios y posibles complicaciones. Entre las principales recomendaciones destaca el uso de cubrebocas, debido a que el virus se transmite mediante gotitas respiratorias al toser o estornudar, así como por contacto con superficies contaminadas con secreciones de personas infectadas.
Sin embargo, en instalaciones educativas y oficinas administrativas, esta medida no se estaría cumpliendo de manera generalizada, de acuerdo con señalamientos de trabajadores y ciudadanos.
Los profesores tienen cero en conducta, por desacatar las indicaciones y poner en riesgo a los estudiantes.
Una circular que quedó en papel
La omisión resulta aún más delicada porque no se trata solo de una recomendación federal. El 19 de enero, el área de Protección Civil de la propia dependencia educativa emitió la circular C.S.H.L/01/2026, en la que se establecen acciones preventivas en materia de salud para el personal adscrito a la SEP. Entre ellas, se especifica nuevamente el uso correcto de cubrebocas como medida preventiva.
Pese a este lineamiento interno, en oficinas y planteles educativos se observa a trabajadores desplazándose sin protección sanitaria visible, lo que contrasta con las disposiciones emitidas por la misma institución.
La situación no solo implica un posible incumplimiento administrativo, sino que además expone a estudiantes, muchos de ellos menores de edad, a un riesgo sanitario evitable. En enfermedades altamente contagiosas como el sarampión, la prevención no es opcional: es una responsabilidad institucional.

#LordSarampion está más ocupado en realizar columnas y obligar a docentes a leerlas
Las críticas también alcanzan a la dirigencia del sector educativo estatal. Diversas voces cuestionan la falta de supervisión y aplicación efectiva de las medidas sanitarias por parte del titular de la dependencia, Homero Meneses Hernández, señalando que, mientras el discurso oficial habla de prevención, en la práctica las acciones no se reflejan con la misma firmeza.
En redes sociales han comenzado a circular mensajes de inconformidad que evidencian el malestar ciudadano ante lo que se percibe como una reacción débil frente a un problema de salud pública.
El sarampión no es una enfermedad menor. Su nivel de contagio es elevado y puede derivar en complicaciones graves, especialmente en población infantil. Por ello, el incumplimiento de medidas preventivas por parte de quienes laboran en espacios educativos envía un mensaje de descuido institucional.
No se trata de generar alarma, sino de exigir coherencia: si las autoridades emiten lineamientos de protección, lo mínimo esperable es que estos se cumplan dentro de su propia estructura.
Porque cuando la prevención se ignora desde dentro, el riesgo deja de ser un aviso… y se convierte en responsabilidad.
