Por Alberto Amaro
En política, la ambición suele caminar más rápido que los resultados. Y en Tlaxcala, hoy esa carrera parece tener nombre y apellido: Alfonso Sánchez García. El alcalde de la capital ya se mueve como aspirante a la gubernatura, aunque no haya podido —ni sabido— contener la inseguridad que carcome a la propia capital del estado.
A más de un año de administración, los tlaxcaltecas no perciben mejoras reales. Robos a plena luz del día, asaltos a escasos metros de la Dirección de Seguridad Pública, y el incremento alarmante del robo de autopartes son parte del paisaje cotidiano. Las “ratas” operan con una impunidad que lastima, mientras el discurso oficial se queda corto y las soluciones no llegan.
Pero eso sí: imagen, reflectores y eventos no faltan. Sánchez García ya es invitado recurrente a los actos “importantes”, esos donde se construyen candidaturas y se pulen perfiles rumbo a las encuestas internas de Morena, muchas de ellas más cercanas a la simulación que a la realidad ciudadana. La pregunta es inevitable:
¿cómo se pretende gobernar un estado cuando no se ha podido gobernar su capital?
A este escenario se suma un factor que preocupa: el papel de su esposa, Marcela González, a quien en distintos círculos se le señala por una actitud soberbia y distante, con un trato que mira por encima del hombro a quienes menos tienen. Pensar en ella al frente del Sistema Estatal DIF no tranquiliza a nadie; por el contrario, enciende las alertas sobre el uso político de una institución que debería ser sinónimo de sensibilidad y servicio.
La memoria también pesa. En la administración de “Poncho el chico” quedaron entregas de apoyos cuestionadas, señaladas como simuladas y nunca aclaradas. En política, el silencio no absuelve: el que calla, otorga. Y hoy ese silencio se intenta sepultar con giras, sonrisas y fotografías.
Mientras tanto, la capital sigue esperando. Esperando seguridad, resultados y un alcalde presente. Porque gobernar no es salir bien en la foto ni recorrer eventos; gobernar es resolver. Y Tlaxcala no necesita otro proyecto personal disfrazado de proyecto de estado.
La inseguridad no se combate con encuestas “patito”, ni la confianza ciudadana se compra con reflectores. Primero resultados, luego aspiraciones. Todo lo demás es propaganda.
