Por: Alberto Amaro
Por años, la familia de Luis —nombre cambiado— pensó que se trataba de un mal día.
Aquella tarde en su casa de una comunidad de Tlaxcala, el joven de 28 años había pasado horas encerrado en su habitación. No contestaba mensajes ni salía a cenar. Nadie imaginó que detrás de la puerta se libraba una batalla silenciosa.
Cuando finalmente entraron, lo encontraron sin vida.
La escena quedó grabada para siempre en la memoria de su familia: la desesperación, los gritos, la incredulidad. Después llegó el silencio, un vacío que se instaló en la casa y que, según cuentan, nunca volvió a llenarse.
Historias como esta se repiten en distintas comunidades del estado. Aunque muchas veces pasan desapercibidas o se ocultan por el estigma social, el suicidio se ha convertido en una tragedia que marca a decenas de familias tlaxcaltecas cada año.
Las cifras detrás del silencio
De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, en Tlaxcala se registraron al menos 87 suicidios en 2023, dentro de las estadísticas oficiales de defunciones en la entidad.
Aunque la entidad mantiene una de las tasas más bajas del país, el fenómeno sigue siendo una preocupación creciente. El propio instituto reporta que el estado tiene 5.8 suicidios por cada 100 mil habitantes, cifra menor al promedio nacional de 6.8.
Pero detrás de cada número hay historias que rara vez aparecen en las estadísticas.
La mayoría de los casos se concentra en personas entre 15 y 29 años y entre 30 y 44 años, etapas de la vida en las que muchas personas enfrentan presiones laborales, económicas y emocionales.
Además, los hombres registran tasas considerablemente más altas que las mujeres, una tendencia que se repite en todo el país.
El dolor de quienes se quedan
Para las familias, el suicidio no termina el día de la tragedia.
Comienza un proceso de duelo marcado por preguntas que nunca tendrán respuesta.
Madres que siguen esperando escuchar la voz de sus hijos.
Padres que revisan una y otra vez los últimos mensajes en el teléfono.
Hermanos que se preguntan si pudieron haber hecho algo para evitarlo.
Especialistas en salud mental explican que quienes pierden a un ser querido por suicidio enfrentan lo que se conoce como duelo traumático, una mezcla de dolor profundo, culpa y confusión.
Muchas familias también se enfrentan al estigma social.
En comunidades pequeñas, como ocurre en varios municipios de Tlaxcala, hablar del suicidio aún es un tema tabú.
“Hay familias que prefieren decir que fue un accidente o una enfermedad, porque todavía existe vergüenza o miedo al juicio social”, explica una psicóloga que trabaja en atención comunitaria y que pidió no revelar su nombre.
¿Por qué una persona decide quitarse la vida?
No existe una sola explicación.
Expertos coinciden en que el suicidio es un fenómeno complejo donde intervienen factores psicológicos, sociales y económicos.
Entre las causas más frecuentes se encuentran:
• depresión y trastornos de salud mental
• violencia familiar o de pareja
• consumo de alcohol o drogas
• crisis económicas o desempleo
• sentimientos de soledad o desesperanza
• experiencias traumáticas o pérdidas afectivas
En muchos casos, el suicidio no ocurre de forma repentina. Es el resultado de una acumulación de crisis personales que no encuentran salida.
Las señales que muchas veces pasan desapercibidas
En retrospectiva, muchas familias recuerdan señales que en su momento no parecían alarmantes:
• aislamiento repentino
• cambios bruscos de comportamiento
• comentarios sobre la muerte o sentirse una carga
• despedidas inesperadas
• regalar pertenencias personales
Detectar estas señales a tiempo puede salvar vidas, coinciden especialistas.
La prevención: hablar para salvar vidas
La clave, dicen expertos, está en romper el silencio.
Hablar de salud mental, pedir ayuda y escuchar sin juzgar puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
Las estrategias de prevención incluyen:
• ampliar la atención psicológica pública
• fortalecer redes familiares y comunitarias
• programas de salud mental en escuelas
• campañas para eliminar el estigma
Porque muchas veces, lo que una persona necesita en medio de una crisis es algo aparentemente simple: sentirse escuchada.
Una tragedia que obliga a mirar de frente
En Tlaxcala, como en muchas partes del país, el suicidio sigue siendo una tragedia silenciosa.
No suele aparecer en las primeras planas ni generar grandes debates públicos.
Pero para las familias que lo viven, la herida permanece abierta.
En la casa de Luis, su habitación sigue igual.
Los libros están en el mismo lugar.
La ropa continúa colgada en el armario.
Su madre dice que aún no tiene fuerza para mover nada.
Porque cuando alguien decide irse de esa manera, no solo se pierde una vida.
También queda una pregunta que nadie logra responder: ¿qué hubiera pasado si alguien hubiera escuchado a tiempo?
¡Un abrazo al cielo carnal?
