Madaí Pérez: una veladora para Alfonso y otra para Rivera

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Por: Alberto Amaro

Por lo visto, Madaí Pérez Carrillo descubrió una nueva disciplina olímpica: la maroma política.

Mientras públicamente se acerca al proyecto de Alfonso Sánchez, en los pasillos políticos circula la versión de que su pareja, Odilón Cuahutle Rojas, ya estaría haciendo trabajo político con gente cercana a Ana Lilia Rivera.

Una mano para Alfonso, otra para Rivera y, por si acaso, una tercera para quien resulte ganador.

El problema es que Madaí parece olvidar quiénes la ayudaron a llegar al Congreso. Su llegada a la política institucional no ocurrió precisamente por una carrera legislativa brillante ni por una trayectoria parlamentaria que hiciera temblar al estado.

Llegó con respaldos políticos importantes, entre ellos el de la gobernadora Lorena Cuéllar y de funcionarios que apostaron por su proyecto.

Y hoy, cuando apenas debería estar rindiendo cuentas por su trabajo legislativo, parece más preocupada por acomodar fichas para el siguiente sexenio.

Porque resultados, lo que se dice resultados, no abundan.

Su gestión legislativa ha sido cuestionada por ciudadanos y sectores deportivos. Para muchos, su principal especialidad parlamentaria ha sido levantar la mano, cobrar puntualmente y dejar que los problemas de Tlaxcala sigan esperando.

Y cuando presenta iniciativas, algunas terminan convertidas en motivo de burla, como ocurrió con la polémica propuesta relacionada con pedir identificación del INE a los perros durante campañas de vacunación.

¡Vaya manera de legislar!

Tal vez alguien debería explicarle que el Congreso no es una pista de atletismo y la política tampoco se gana corriendo de un grupo a otro.

Madaí quiere jugarle al chingón.

El problema es que todavía no demuestra si tiene músculo político propio o simplemente está sobreviviendo con el que otros le prestaron.

Y si continúa repartiendo lealtades como volantes de campaña, puede terminar descubriendo una amarga realidad:

en política, quien intenta quedar bien con todos suele terminar quedándose mal con todos.