Por: Alberto Jordan
El sismo de magnitud 6.5 registrado la mañana de este martes, con epicentro en San Marcos, Guerrero, volvió a poner en evidencia el pésimo desempeño de Juvencio Nieto Galicia, coordinador estatal de Protección Civil de Tlaxcala, quien a más de cuatro años de haber sido nombrado en el cargo por la gobernadora Lorena Cuéllar Cisneros no ha cumplido con una de las obligaciones básicas de su función: contar con un Atlas de Riesgo estatal actualizado y operativo.
Tras el movimiento telúrico ocurrido a las 07:58 horas, Nieto Galicia se limitó a repetir el discurso habitual: “no hay daños” y “se activaron protocolos”, sin aportar información técnica precisa ni respaldada por un sistema serio de análisis de riesgos. Una respuesta improvisada que refleja desconocimiento e ignorancia en materia de protección civil, pues sin un Atlas de Riesgo funcional, cualquier evaluación es parcial, tardía y, en el peor de los casos, irresponsable.
El Atlas de Riesgo no es un trámite burocrático, es una herramienta estratégica que integra mapas, bases de datos y análisis geográficos para identificar peligros como sismos, zonas vulnerables, fallas geológicas, infraestructura en riesgo, rutas de evacuación y refugios temporales. En un evento sísmico como el de hoy, este instrumento permite tomar decisiones preventivas, proteger vidas y reducir daños. En Tlaxcala, simplemente no existe o no se ha socializado, lo que equivale a gobernar a ciegas.
Resulta alarmante que, después de más de cuatro años de gestión, la Coordinación Estatal de Protección Civil siga recurriendo a “recorridos” improvisados y a reportes verbales de municipios, en lugar de presentar mapas de intensidad, escenarios de riesgo y protocolos claros sustentados en datos científicos. La falta del Atlas de Riesgo es una omisión grave, que compromete la seguridad de la población y exhibe la falta de capacidad técnica del titular del área.
Mientras Juvencio Nieto Galicia presume que “no se reportan daños”, la realidad es que Tlaxcala enfrenta los sismos sin planeación, sin prevención y sin una política seria de protección civil. La ausencia de consecuencias graves hoy no es resultado de una buena gestión, sino de un golpe de suerte.
La protección civil no se administra con discursos ni con conferencias de ocasión. Se construye con conocimiento, planeación y responsabilidad. Cuatro años después, el Atlas de Riesgo sigue ausente y el coordinador sigue demostrando que no está a la altura del cargo. El sismo de hoy no dejó daños visibles, pero sí dejó al descubierto una falla estructural en el gobierno estatal: la negligencia en la prevención del riesgo.
