El estado más pequeño del país, pero no ajeno a la violencia criminal, se ha convertido en escenario de una estrategia que ha permitido al Carte Jalisco Nueva Generación (CJNG) expandir su sombra sin necesidad de desplegar grandes estructuras operativas: el modelo de “franquicias”.
Bajo este esquema, grupos delincuenciales locales operan con relativa autonomía, pero utilizan el nombre, las siglas e incluso el logotipo del CJNG para intimidar, extorsionar y consolidar control territorial. La marca criminal funciona como un sello de terror.
La marca del miedo en Apizaco
En Tlaxcala, este modus operandi comenzó a visibilizarse con el grupo conocido como “Los Brujos”, liderado por un sujeto apodado “El Trompas”. Con base de operaciones en el municipio de Apizaco, la célula se dedicaba al narcomenudeo y a la extorsión sistemática de comerciantes, particularmente en mercados locales.
De acuerdo con testimonios recabados para esta investigación, “El Trompas” presumía públicamente ser integrante del CJNG. La narrativa no era menor: en un contexto donde el nombre del cártel evoca violencia extrema, ejecuciones y control armado, la simple alusión funcionaba como mecanismo de sometimiento.
Tras la detención de “El Trompas”, lejos de disminuir la actividad criminal, emergió otro grupo: “Los Pescados”, liderado por “El Pescado” y “El Rosas”, este último identificado como hijo de un político local apizaquense. La célula amplió el catálogo delictivo: narcomenudeo, asalto a cuentahabientes, extorsión y secuestro exprés.
El cuerpo de “El Pescado” fue localizado posteriormente descuartizado en una fosa clandestina en el municipio de Panotla, un hallazgo que evidenció la violencia interna y las disputas por el control criminal.
La captura de “El Hacha”: confirmación de una estructura a través de las franquicias
Mientras las autoridades estatales han sostenido en distintos momentos que en Tlaxcala no existe una presencia estructural de grandes cárteles, trabajos de inteligencia federal apuntan a lo contrario.
Derivado de labores orientadas a debilitar estructuras dedicadas al tráfico de drogas sintéticas, elementos del Gabinete de Seguridad Federal detuvieron a Israel Moreno Moreno, alias “El Hacha”, identificado como operador regional del CJNG en el municipio de Santa Cruz Tlaxcala.
De acuerdo con información oficial, fue asegurado por delitos contra la salud y violación a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos. La detención no solo representa un golpe operativo; confirma que la presencia del CJNG en la entidad no se limita al uso oportunista del nombre por grupos locales, sino que existe una articulación con operadores que responden a una estructura regional.
Fuentes consultadas señalan que “El Hacha” estaría vinculado a la distribución de drogas sintéticas, particularmente metanfetamina, una de las principales fuentes de financiamiento del cártel a nivel nacional e internacional.
Drogas con sello CJNG
En redes sociales circularon imágenes donde la droga era comercializada con la leyenda “CJNG”. Bolsas con supuestos sellos del grupo reforzaban la idea de una presencia formal del cártel en el estado. En muchos casos, el uso del emblema cumple una función psicológica: generar miedo inmediato en comerciantes y consumidores.
El fenómeno no es aislado. Desde su aparición formal alrededor de 2010 —tras la muerte de Ignacio “Nacho” Coronel y la fragmentación del Cártel del Milenio— el CJNG, encabezado por Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, apostó por una expansión acelerada y descentralizada.
De discurso “antisecuestro” a diversificación criminal
En sus primeros años, el CJNG se presentó como un grupo que combatía a organizaciones rivales como Los Zetas, narrativa que en algunas regiones le permitió ganar respaldo social frente a la violencia extrema de otros cárteles.
Con el tiempo, la organización diversificó sus actividades. Además del tráfico de metanfetamina, cocaína y fentanilo hacia Estados Unidos, ha sido vinculada a:
- Extorsión sistemática
- Secuestro
- Robo de combustible (huachicol)
- Control territorial para cobro de piso
El modelo de “franquicias” reduce costos operativos y riesgos directos para la cúpula. Si una célula cae, la estructura central no necesariamente se ve afectada. Sin embargo, la detención de operadores regionales como “El Hacha” revela que, en algunos puntos, sí existe una línea de mando y coordinación que trasciende a las bandas locales.
Tlaxcala: territorio estratégico y vulnerable
Aunque Tlaxcala no figura históricamente entre los estados con mayor presencia de grandes cárteles, su ubicación geográfica , colindante con Puebla, Hidalgo y el Estado de México, la convierte en un punto estratégico para el trasiego regional.
El uso del nombre CJNG en municipios como Apizaco y Santa Cruz Tlaxcala no solo impacta la seguridad pública; afecta el tejido social. Comerciantes consultados bajo condición de anonimato refieren pagos periódicos para evitar represalias. “No sabemos si realmente son del cártel grande, pero dicen que sí, y con eso basta”, señala un locatario.
La captura de “El Hacha” agrega un elemento clave al análisis: más allá de la franquicia del miedo, hay indicios de estructura operativa. La pregunta ya no es si el CJNG está o no en Tlaxcala, sino qué tan profunda es su penetración institucional y territorial.
El silencio o la minimización oficial solo amplifican el poder de la marca criminal. Porque en el negocio del crimen organizado, el nombre puede ser arma. Pero cuando el nombre se acompaña de operadores regionales, la amenaza deja de ser simbólica y se vuelve estructural.
