Un trabajador de la Secretaría de Infraestructura (SI), identificado como Rafael Cedillo Moreno, protagonizó un hecho de violencia contra una mujer luego de verse involucrado en un incidente vial ocurrido en la Avenida Independencia.
De acuerdo con los reportes, tras el percance el servidor público reaccionó de manera agresiva, llegando incluso a arrebatarle el teléfono celular a la mujer. Esta acción, lejos de ser un acto menor, implicó el uso de la fuerza física, lo que constituye una forma de violencia.
Sin embargo, el propio implicado minimizó los hechos. A través de un mensaje enviado vía Facebook a este medio de comunicación, Cedillo Moreno negó la versión difundida y calificó la información como falsa y “amarillista”. En su mensaje señaló:
“Hola buenas noches, solo para comentarle que la información que compartes en tu página es totalmente falsa, la descriptiva y narrativa son aún más peor, ya que no saben cómo estuvieron los hechos del percance vial que ocasionó la colectiva de la empresa (USU), en la avenida independencia todo por invadir carril contrario, y lo único que quería es que se hiciera cargo de los daños ocasionados a la unidad que conducía, pero con tu nota amarillista dañas la imagen de la secretaria a la que pertenezco y también la mía, así como mi trabajo, tomaré asesoría para deslindar responsabilidades y así como para también fincar las mismas a los responsables de la nota.”

A pesar de sus declaraciones, el hecho de arrebatar un objeto personal mediante el uso de la fuerza no puede considerarse una reacción justificable bajo ninguna circunstancia. Especialistas en temas de género señalan que este tipo de conductas forman parte de una violencia cotidiana que muchas veces es normalizada o minimizada, especialmente cuando proviene de hombres en posiciones de poder o autoridad.
Este caso refleja un patrón recurrente: la tendencia de algunos agresores a justificar sus actos, desviar la atención hacia otros factores o desacreditar a quienes visibilizan la violencia, en lugar de asumir responsabilidad por sus acciones. Llamar “amarillista” a un medio no elimina el hecho de que existió una conducta agresiva hacia una mujer.
De acuerdo con datos del INEGI, más del 70% de las mujeres en México han experimentado algún tipo de violencia a lo largo de su vida, ya sea física, psicológica, sexual o económica. En muchos casos, estas agresiones comienzan con actos que son minimizados socialmente, como empujones, intimidación o el arrebato de pertenencias, pero que forman parte de una misma raíz: el ejercicio de poder y control.
La violencia contra las mujeres no debe relativizarse ni justificarse bajo ninguna circunstancia. Reconocer estos actos y señalarlos es fundamental para erradicar prácticas que, aunque a veces se perciben como menores, contribuyen a un entorno de desigualdad y riesgo para las mujeres.

