En Apizaco ya encontraron a los culpables de la inseguridad

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Por: Alberto Amaro

Son los periodistas críticos ante la inseguridad de Apizaco

Parece que en Apizaco ya se encontró a los responsables de la inseguridad que mantiene en alerta a comerciantes, familias y ciudadanos: los periodistas críticos.

Sí, leyó usted bien. No son los delincuentes que asaltan a plena luz del día, ni los ladrones que operan a unas cuantas cuadras de la Presidencia Municipal, ni los grupos criminales que han convertido a la ciudad rielera en escenario constante de robos, asaltos y hechos violentos. Según el director de Seguridad Pública, José Ramón Jacques Mena, parte del problema radica en los medios de comunicación.

El funcionario sostiene que algunos periodistas difunden información relacionada con operativos o cateos, para alertar a la ciudadanía. Una explicación tan cómoda como conveniente para quien debe responder por los resultados de una estrategia de seguridad que, hasta ahora, parece invisible para los ciudadanos.

Porque mientras se buscan culpables en las redacciones, la realidad golpea las calles. Los robos continúan, los asaltos se multiplican y los homicidios siguen alimentando la percepción de una ciudad donde la delincuencia parece ir varios pasos adelante de la autoridad.

La pregunta es inevitable: ¿también son responsables los periodistas cuando un comercio es asaltado? ¿Cuando una familia es víctima de la delincuencia? ¿Cuando los criminales escapan sin ser detenidos? ¿O cuando los ciudadanos viven con temor de convertirse en la siguiente estadística?

La libertad de expresión es uno de los pilares fundamentales de cualquier democracia. El trabajo periodístico no consiste en aplaudir al poder ni en ocultar aquello que incomoda a los funcionarios. Su función es informar, cuestionar y exigir rendición de cuentas. Cuando una autoridad pretende trasladar sus responsabilidades a quienes ejercen la crítica, no solo evade sus obligaciones, también envía un preocupante mensaje de intolerancia hacia el escrutinio público.

Resulta más sencillo culpar a la prensa que reconocer que los resultados no son los esperados. Más fácil señalar a los críticos que admitir que la estrategia implementada no ha logrado devolver la tranquilidad a los apizaquenses.

Mientras tanto, el Cabildo observa en silencio. Los regidores y autoridades municipales parecen conformarse con explicaciones que poco ayudan a resolver el problema de fondo. La inseguridad sigue presente y la ciudadanía continúa esperando respuestas reales, no pretextos.

Quizá algún día se entienda que los periodistas no patrullan las calles, no diseñan operativos ni dirigen corporaciones policiacas. Esa responsabilidad corresponde a quienes cobran por garantizar la seguridad pública.

Porque los hechos son tercos. Y en Apizaco, los robos, asaltos y asesinatos son el reflejo de una inseguridad que acecha diariamente a la ciudad rielera. Culpar a la prensa podrá servir para justificar fracasos, pero difícilmente servirá para detener a los delincuentes.

Y mientras los ciudadanos esperan resultados, la estrategia parece resumirse en una frase: si la realidad incomoda, culpen al mensajero.