¡HAMBRE DE PODER! Carlos Augusto vuelve al acecho y va por el Distrito II
Por: Alberto Amaro
Tras perder la carrera por la Coordinación Estatal de Morena, el exdirigente ya encontró otra ruta para mantenerse en el tablero político y buscar nuevamente una diputación federal.
Carlos Augusto Pérez Hernández no parece dispuesto a soltar el hueso político.
Luego de quedar fuera de la disputa por la Coordinación Estatal de la Defensa de la Transformación, que terminó en manos de Ana Lilia Rivera, el morenista ya se apuntó para quedarse con la Coordinación del Segundo Distrito Federal.
La jugada es clara: si no pudo quedarse con la grande, ahora va por una posición que le permita conservar territorio, estructura y reflectores.
El exdirigente estatal de Morena confirmó su registro dentro del proceso interno para definir las Coordinaciones Distritales Federales en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional.
Y aunque todavía no hay candidatura ni curul en la bolsa, el movimiento político resulta evidente: Carlos Augusto quiere mantenerse vigente y volver a construir el camino hacia San Lázaro.
El morenista ya sabe lo que significa ocupar una diputación federal. También conoce las entrañas de Morena y el valor de tener presencia territorial cuando llegan los tiempos electorales.
Ahora pretende echar nuevamente a andar su maquinaria política desde el Distrito II.
Primero tendrá que superar el filtro interno de Morena. El partido deberá revisar los registros, determinar quiénes cumplen con los requisitos y posteriormente definir a los coordinadores distritales.
Pero Carlos Augusto ya levantó la mano.
Y no precisamente para quedarse sentado.
Después de disputar la coordinación estatal, ahora cambia de cancha y vuelve a buscar una posición desde la cual pueda reconstruir su proyecto político.
La derrota estatal no lo sacó del juego; apenas le cambió el tablero.
Carlos Augusto quiere territorio, estructura y poder de decisión.
Y si consigue la coordinación del Distrito II, podría utilizarla como plataforma para volver a tocar la puerta de la Cámara de Diputados federal.
La pregunta ya no es si quiere regresar a San Lázaro. La pregunta es hasta dónde está dispuesto a mover sus fichas para conseguirlo.


