Por: Alberto Amaro
La escena parecía sacada de una sátira sobre la impartición de justicia, pero ocurrió en las instalaciones de Casa de Justicia del Distrito Judicial de Sánchez Piedras. No fueron jueces, magistrados ni actuarios quienes llamaron la atención de los presentes, sino al menos tres ratas que recorrían con absoluta tranquilidad los pasillos del inmueble, como si también esperaran turno para comparecer ante un juez.
Los roedores, bien alimentados, despreocupados y con una seguridad que muchos litigantes envidiarían, desfilaron frente a usuarios, abogados y personal. Su presencia provocó momentos de tensión, principalmente entre mujeres que aguardaban el inicio de diversas audiencias y que terminaron más pendientes de esquivar a las ratas que de escuchar el llamado de su expediente.

Tal parecía que los únicos puntuales en Casa de Justicia eran estos inesperados visitantes. Mientras las audiencias acumulaban retrasos y los ciudadanos esperaban durante horas, los roedores aprovecharon para realizar su propio recorrido de inspección por las instalaciones, dejando en evidencia que el mantenimiento y la higiene también parecen encontrarse bajo proceso… y sin fecha para resolverse.
Por momentos, cualquiera habría pensado que las ratas estaban en espera de su audiencia inicial, acusadas del grave delito de robo de queso pecorino romano. Sin embargo, ante la demora de los juzgados, decidieron abandonar la sala de espera y recorrer libremente el edificio, generando más movimiento que varios expedientes.
Desde hace tiempo se comenta que en el Poder Judicial existen causas que se quedan “a la mitad”. La diferencia es que ahora la expresión podría tomarse de manera literal, porque con la presencia de estos roedores más de uno bromeó que los expedientes podrían terminar devorados antes de recibir sentencia.

Las ratas caminaban con tanta confianza que parecía que conocían perfectamente el inmueble, como si llevaran años formando parte de la plantilla laboral. No necesitaban gafete de acceso, control de seguridad ni autorización para ingresar; simplemente hacían uso de unas instalaciones públicas que, por momentos, parecían pertenecerles más a ellas que a quienes acuden en busca de justicia.
Ahora que tanto se habla de vigilar el desempeño de los llamados “jueces del bienestar”, quizá también convenga revisar qué ocurre con las condiciones sanitarias de los edificios donde se administra justicia. Porque una cosa es combatir la corrupción y otra muy distinta permitir que las ratas —las de cuatro patas— se paseen con absoluta libertad entre salas de audiencia.
En Casa de justicia de Sánchez Piedras quedó claro que no solo urge agilizar los procesos judiciales. También hace falta una buena jornada de limpieza. Porque si las ratas ya se sienten como en casa, el mensaje que recibe la ciudadanía resulta tan preocupante como vergonzoso para una institución cuya obligación es inspirar confianza y respeto.
