Por: Alberto Amaro
La diputada federal llama a respetar la libertad política y construir una “unidad real”, pero su discurso choca con el historial de la familia Garay dentro del PT en Tlaxcala
La diputada federal del Partido del Trabajo (PT), Irma Yordana Garay Loredo, fue cuestionada severamente por sus recientes declaraciones en las que llamó a construir una “unidad real” y a respetar la libertad política de los ciudadanos rumbo a la próxima contienda electoral.
Sus palabras, sin embargo, lejos de generar consenso, provocaron críticas, molestia y hasta calificativos de “hipocresía” y “doble moral”, particularmente porque provienen de una integrante de una familia que durante años ha mantenido una posición privilegiada dentro de la estructura del Partido del Trabajo en Tlaxcala.
La legisladora aseguró que el objetivo es construir una “unidad real” y respaldar a quien finalmente sea elegido para representar el proyecto político rumbo a la próxima contienda electoral.
“Sea quien sea el afortunado o afortunada de seguir sirviéndole al pueblo de Tlaxcala, tiene que contar siempre con el respaldo de todos”, sostuvo.
El problema es que, para sus críticos, el discurso de unidad y apertura democrática resulta difícil de conciliar con la historia reciente del propio grupo político al que pertenece.
¿Unidad para todos o para la familia?
El apellido Garay no es precisamente un desconocido en la política tlaxcalteca.
Su padre, Silvano Garay Ulloa, ha ocupado cargos legislativos y posiciones de dirigencia dentro del PT. Su hija, Irma Yordana Garay Loredo, es actualmente diputada federal por ese partido y fue reelecta para la LXVI Legislatura.
Y en enero pasado ocurrió un episodio que alimentó todavía más las críticas sobre el carácter familiar de los espacios políticos del PT.
Silvano Garay Ulloa solicitó licencia como diputado local y su hijo, Silvano Garay Loredo, asumió la curul como suplente. El propio Congreso local formalizó la separación del padre y el arribo del hijo.
Es decir: mientras Irma Garay ocupa una diputación federal, su hermano Silvano Garay Loredo llegó al Congreso local en sustitución de su padre.
Legalmente, el procedimiento puede ser válido. Políticamente, sin embargo, resulta inevitable que genere cuestionamientos.
Porque una cosa es cumplir con los requisitos legales para ocupar un cargo y otra muy distinta convencer a la ciudadanía de que existe una auténtica competencia interna cuando los principales espacios de representación terminan concentrándose en una misma familia.
El PT y el “árbol genealógico” de las candidaturas
Las críticas no son nuevas.
Desde hace años existen señalamientos públicos sobre el peso político de la familia Garay dentro del PT en Tlaxcala. Incluso medios locales han cuestionado que candidaturas y posiciones de representación hayan terminado en manos de integrantes de la misma familia.
Y aquí aparece la contradicción que sus críticos señalan:
¿Cómo hablar de libertad política y de que cualquier ciudadano puede aspirar a una candidatura cuando existe la percepción de que para competir dentro del PT primero hay que contar con el visto bueno del grupo que controla las principales posiciones?
No se trata solamente de quién ocupa una curul.
Se trata del mensaje que recibe la militancia.
Porque mientras cientos de ciudadanos, militantes y simpatizantes recorren comunidades, participan en reuniones, hacen trabajo territorial y esperan durante años una oportunidad, la familia que controla buena parte de la estructura partidista parece tener un acceso privilegiado a las candidaturas y a los cargos de representación.
Y eso, precisamente, es lo que genera el reclamo de doble moral.
“El pueblo no olvida”
La declaración de Irma Yordana Garay podría haber pasado como un llamado más a la unidad partidista si no existiera detrás un contexto político tan evidente.
Porque pedir unidad es sencillo.
Hablar de libertad política también.
Lo verdaderamente difícil es practicar ambas cosas cuando se tiene poder de decisión.
Por eso, para sus detractores, las palabras de la legisladora parecen más una burla que una reflexión política.
¿Unidad?
Sí, pero ¿unidad de todos o unidad alrededor de un grupo familiar?
¿Libertad política?
Sí, pero ¿libertad para todos o libertad para quienes cuentan con el respaldo de quienes toman las decisiones?
La ciudadanía tlaxcalteca no necesita discursos adornados con palabras como “unidad”, “transformación” o “servicio al pueblo”.
Necesita congruencia.
Y, sobre todo, necesita saber si el Partido del Trabajo realmente está dispuesto a abrir sus puertas a todos los ciudadanos en igualdad de condiciones o si las candidaturas seguirán teniendo nombres y apellidos previamente conocidos.
Porque hay algo que los políticos suelen olvidar:
el pueblo podrá olvidar muchas cosas, pero difícilmente olvida cuando observa que los cargos públicos parecen convertirse en patrimonio de unas cuantas familias.
Y rumbo a 2027, esa será una de las preguntas incómodas que el PT tendrá que responder:
¿Partido del Trabajo o partido de la familia?
La respuesta no estará en los discursos.
Estará en quiénes tengan realmente la oportunidad de competir.
