Una diputada que no sabe ni cómo se llama y otra que miente en supuestas iniciativas, ambas son de MORENA
La diputada local Gabriela Hernández Islas, integrante de la bancada de Morena, se encuentra en el centro de la polémica luego de difundir un presunto ranking denominado “Top 6 en productividad legislativa 2025”, en el cual se adjudica el primer lugar al asegurar haber presentado seis iniciativas, sin que exista respaldo documental en los registros oficiales del Congreso del Estado.
Hasta el momento, no se ha localizado en los sistemas públicos del Poder Legislativo constancia que confirme el número de iniciativas que la legisladora afirma haber impulsado, ni tampoco evidencia de que dicho ranking haya sido elaborado por una instancia institucional, académica o de análisis legislativo independiente. Por el contrario, todo apunta a que se trata de un ejercicio unilateral de autopromoción sin sustento verificable.

La falta de transparencia contrasta con el trabajo documentado de otros diputados y diputadas, cuyos datos sí pueden consultarse en fuentes oficiales. Sandra Aguilar Vega (PRI) registra cinco iniciativas presentadas; Lorena Ruiz García (Morena), Soraya Noemí Bocardo Phillips (Independiente) y Laura Yamili Flores Lozano (PRD) cuentan con cuatro cada una. Asimismo, Bladimir Zainos Flores, de Nueva Alianza Tlaxcala, destaca no solo por presentar iniciativas, sino por lograr resultados concretos: tres aprobadas y una más en proceso.
Analistas legislativos coinciden en que la productividad parlamentaria no se mide mediante gráficas sin metodología ni cifras autoproclamadas, sino a través del trabajo real, verificable y, sobre todo, de los resultados obtenidos dentro del Congreso. En ese sentido, la difusión de datos no comprobables representa una práctica engañosa que distorsiona la percepción ciudadana sobre el desempeño de sus representantes.
Resulta especialmente contradictorio que, mientras la diputada asegura que “no se trata de competir”, recurra a un ranking inexistente para colocarse por encima de sus compañeros y compañeras de legislatura. Esta conducta ha sido interpretada como un intento de simulación política y manipulación informativa con fines de posicionamiento personal.
El caso cobra mayor relevancia al considerar que Morena ha hecho de la honestidad y el principio de “no mentir al pueblo” uno de sus principales ejes discursivos. Sin embargo, la alteración, omisión o presentación parcial de información para aparentar una productividad legislativa que no puede comprobarse, pone en entredicho la congruencia entre el discurso y la práctica de algunos de sus representantes.
