Por: Alberto Amaro
En política hay quienes llegan por trayectoria, otros por resultados… y también quienes parecen tener como principal carta de presentación el árbol genealógico.
Este sábado, la diputada federal del Partido del Trabajo, Irma Garay Loredo, formalizó su registro en el proceso interno de Morena para buscar la Coordinación Estatal de Defensa de la Cuarta Transformación, antesala de la candidatura al Gobierno de Tlaxcala.
Con ello, tanto el PT como el PVEM ya pusieron a sus cartas sobre la mesa. La diferencia es que, mientras algunos perfiles llegan con respaldo ciudadano, el de Irma Garay carga con un problema difícil de esconder: las encuestas.
Diversos estudios demoscópicos colocan a la legisladora con una intención de voto que apenas ronda el cuatro por ciento, un porcentaje que la mantiene lejos de los perfiles competitivos rumbo a la elección de 2027.
Dentro de Morena, fuentes consultadas señalan que el registro tendría más tintes de estrategia política que de una auténtica apuesta por la candidatura estatal. La lectura es sencilla: participar para negociar.
Versiones al interior del movimiento apuntan a que el verdadero objetivo del Partido del Trabajo sería fortalecer su posición en las negociaciones con Morena para intentar quedarse con la candidatura a la presidencia municipal de Tlaxcala.
Si esa hipótesis resulta cierta, la contienda interna serviría más como moneda de cambio que como una competencia real.
Mientras tanto, las críticas hacia la llamada dinastía Garay vuelven a aparecer. Para sus detractores, el apellido sigue teniendo más peso que los resultados obtenidos en los distintos cargos públicos ocupados por sus integrantes, alimentando la percepción de que el PT continúa privilegiando los intereses familiares por encima de la renovación de cuadros.
La pregunta queda en el aire: ¿el registro de Irma Garay responde a una verdadera aspiración de gobernar Tlaxcala o simplemente forma parte del ajedrez político para conservar espacios de poder?
Porque, al final, en la política tlaxcalteca hay historias que parecen repetirse una y otra vez: cambian las elecciones, cambian los discursos, pero algunos apellidos nunca abandonan la boleta.
