Policias: ¿Sirven a la ciudadanía o a sus mandos?

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    En estos presentes tiempos de crisis sanitaria, todo es relativo; existe mala distribución de los servicios, especialmente en el ramo de seguridad.

    Los resultados no son los programados por lo que la sociedad esta doblemente resentida; el aire que se respira es de incertidumbre porque existe muy poca gobernabilidad en varios municipios del estado.

    Los brotes de violencia son una evidencia al haber confinado a las familias en sus viviendas; actualmente muchos no tienen la oportunidad de trabajar y en consecuencia no disponen de medios razonables para subsistir.

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    Pero no todo se ha detenido, algunos elementos policiacos (salvo muy honrosas excepciones) continúan con sus viejas prácticas para obtener dádivas, generando un creciente descontento y descrédito hacia las instituciones y rebeldía en las comunidades tal como ocurrió recientemente en Tlaxco y Chiautempan con el intento de linchamiento y quema de vehículos. El ciudadano lleva consigo latente ese estado de ánimo que rebela en su malestar interior una ausencia de confianza.

    Cuando se suscitan excesos dentro de algunas corporaciones es debido a los manejos internos de los mandos superiores, nada escapa a su control; desde el acopio de infracciones hasta los nexos con las empresas de grúas, y el consabido contubernio con los corralones.

    Actualmente estos cuerpos policiacos disponen en su mayoría de excelente infraestructura: vehículos, armamento, así como acceso a capacitación constante, pero como ocurría antes, ascender en la policía tiene un precio.

    Es de resaltar la presencia de elementos con licenciatura y posgrado. En este sentido, mencionar que algunos de los más favorecidos son aquellos que iniciaron su carrera como agentes de gobernación, es decir, como soplones, como “orejas” y fueron premiados por su labor de espionaje; hoy son oficiales con rango que no exponen su integridad como los explotados oficiales que exponen la vida en operativos o en las calles.

    Otro estrato privilegiado es la élite super pagada que radica en las inaccesibles oficinas de las áreas operativas.

    Recordemos que un policía mal remunerado llevará latente la tentación de sucumbir a las dádivas ya que el riesgo de contagio por corrupción que ha llegado a la formación de <hermandades> es vigente ;adicionalmente existen prácticas tabú donde a veces la lealtad se demuestra denunciando antes de ser denunciado y por ello y ser agregado a la Plataforma México, lo que le impedirá poder ingresar a cuerpos de seguridad. Y, ¿Cuál es el deseo más fuerte y más íntimo de un policía? –Quisiera ser un hombre que predomina entre los demás poder su valentía y su poder. La perspectiva de esta imagen la exalta artificialmente obligándolo a obrar conforme a ella, hasta que llega a creer en la realidad del fantasma armado que de sí mismo ha creado-.

     

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